
Una prueba experimental en Chubut impulsa la comercialización de carne de burro como alternativa al consumo tradicional. La iniciativa, liderada por un productor local y una comerciante, logró vender toda la producción inicial en pocos días, mientras avanza en los requisitos sanitarios y comerciales para su expansión.
El proyecto surgió como respuesta a la caída de la rentabilidad ovina, afectada por la crisis del sector, la sequía y la presión de depredadores. En ese escenario, la reconversión productiva apareció como una salida concreta para sostener la actividad en campos de la región.
«Es una prueba experimental que ha sido un éxito», explicó Ximena, quien participa en la venta del producto. En la primera experiencia se comercializaron cuatro animales, equivalentes a ocho medias reses, que se agotaron en tres días. Según detalló, algunos clientes repitieron la compra tras probar la carne.
Desde el punto de vista comercial, el principal atractivo es el precio: el kilo se ofrece a $7500, aproximadamente la mitad del valor de la carne vacuna. Esa diferencia lo posiciona como una opción accesible en un contexto de inflación sostenida.
En cuanto al producto, el proceso de desposte replica el esquema del ganado bovino. Se obtienen cortes tradicionales como lomo, vacío y asado con hueso. La diferencia aparece en la textura, ya que se trata de una carne algo más firme por las características del animal.
«Lo consumí. Me gustó. No es diferente al de la vaca, ni tiene olor», señaló Ximena, quien agregó que la firmeza podría reducirse con un manejo productivo más intensivo.
El desarrollo aún debe cumplir con requisitos regulatorios. Si bien el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) habilitó la trazabilidad en el establecimiento, resta la autorización del Registro Único de la Cadena Agroindustrial (RUCA) para su faena en mataderos locales.
A nivel productivo, el burro presenta ventajas frente al ganado vacuno: requiere menos agua y se adapta mejor a condiciones de pastura más limitadas, un factor clave en zonas afectadas por la sequía.
El productor a cargo del proyecto consideró que la rentabilidad será determinante para su expansión y anticipó el interés de otros actores del sector. «No tengo dudas de que será un éxito. Creemos que va a ser buena y va a poder sostener un negocio próspero», afirmó.
Mientras tanto, la experiencia se consolida como un ensayo que combina necesidad económica, adaptación productiva y cambios en los hábitos de consumo en un escenario de precios en constante tensión.




