Tras tocar un mínimo en casi ocho años a fines de enero, el índice de riesgo país rebotó en las últimas jornadas y volvió a ubicarse por encima de los 500 puntos básicos, traccionado por la volatilidad internacional que produjo retrocesos en la mayor parte de los mercados emergentes.
Para los analistas, la reducción del indicador por debajo de las 400 unidades, uno de los objetivos del equipo económico, requerirá una mayor acumulación de reservas y sustentabilidad del pago de deuda externa.
El indicador elaborado por JP Morgan Chase es seguido de cerca por los mercados para evaluar la posibilidad de que un gobierno no cumpla con sus compromisos financieros. Esta variable surge de comparar la rentabilidad de los bonos soberanos locales frente a los bonos del Tesoro de Estados Unidos de similar plazo, considerados libres de riesgo.
El indicador elaborado por JP Morgan Chase es seguido de cerca por los mercados para evaluar la posibilidad de que un gobierno no cumpla con sus compromisos financieros
Una brecha amplia entre ambos refleja mayor desconfianza sobre la estabilidad del país y anticipa dificultades para acceder a financiamiento externo en condiciones ventajosas. Un índice de riesgo país elevado obliga a ofrecer tasas de interés superiores para captar fondos en el mercado internacional, lo que incrementa el costo de la deuda y complica la gestión de las cuentas públicas.
En la coyuntura actual, una hipotética colocación de deuda soberana argentina requeriría tasas anuales cercanas al 9% anual en dólares, un rendimiento poco atractivo para el Gobierno.
Tras las elecciones legislativas nacionales, el índice se redujo en más de 600 pb. Desde la asunción de Javier Milei como presidente, el indicador cayó cerca de 1.400 unidades. Si se toma como punto de partida noviembre de 2023, mes de la victoria electoral de La Libertad Avanza, la disminución acumulada ronda los 1.900 enteros.
